T9, Patologías y Curiosidades
Con respecto al fraude científico, coincido con un comentario del autor del artículo de Mundo científico en el que se señala que los científicos también son personas. Como tales, no están exentos de cometer errores, de tener ambiciones personales, prejuicios, ideas preconcebidas, conflictos de intereses, etc. Para los que no hemos trabajado en la ciencia o la investigación, es muy fácil ver las cosas desde la ética y pensar que el fraude es inaceptable y aquellos que lo cometen deben ser castigados. Y por supuesto que el fraude está mal, pero es importante ver más allá y no cometer el error de deshumanizar a los científicos cuando se trata este tema. Poniendo un ejemplo, para mí es comprensible que después de dedicar tiempo y esfuerzo a un trabajo, se llegan a crear lazos personales con el mismo; esto hace que podamos ignorar errores o aspectos negativos que puedan existir y que prestemos más atención a las cosas positivas. A largo plazo, se va haciendo más difícil aceptar que no obtendremos los resultados que esperábamos y que hemos fallado. Llegado este punto, no pensamos que el problema somos nosotros mismos, vamos a pensar que son los datos o los métodos, e intentaremos todo para darnos la razón y confirmar nuestra hipótesis, ¿Quién no se ha empeñado en algo y tarde se ha dado cuenta de su error?
La situación descrita en el párrafo anterior no me parece tan difícil de imaginar, creo que es algo que me podría pasar a mí o a cualquiera en cualquier área de trabajo. También pienso que el que esto le ocurra a un científico no es únicamente su responsabilidad. Considerando la gran presión que existe por publicar, por ascender, por obtener una ayuda que sea vital para continuar trabajando y también otros factores como son el rechazo a los resultados negativos y la definición de éxito o fracaso que el mismo sistema impone, la situación se hace mas compleja y difícil de analizar. Desde mi punto de vista, los científicos que han cometido fraude no son villanos malvados (al menos no la mayoría de ellos), han actuado mal y han cometido errores de forma individual, pero también han sido afectados por las presiones impuestas por su propia comunidad.
Como indica el profesor Joaquín Sevilla en su ponencia sobre ciencia patológica, distinguir entre lo intachable y lo corrupto no es como distinguir entre blanco y negro. Existen múltiples situaciones intermedias en las que existe un umbral que no está perfectamente definido de lo que es socialmente aceptable. Los mismos científicos son los que pueden modificar este umbral al ejercer de una u otra forma sus roles.
Lo que indican los datos de fraude recogidos desde 1975 hasta 2012, es que la cantidad de científicos que se saltan el umbral ha aumentado e incluso se han llegado a descubrir defraudadores en serie con múltiples publicaciones aún presentes en las revistas. Algunos atribuyen este efecto a las mejoras en las herramientas de detección de fraude y al aumento en el escrutinio de los científicos, pero la realidad es que a pesar de los esfuerzos para detectar la existencia de fraude, los mismos científicos reconocen que gran parte de los trabajos fraudulentos siguen sin ser detectados y muchos de ellos admiten haber usado prácticas cuestionables.
Por ahora los números de fraude siguen siendo alarmantes, lo que evidencia que hace falta que la comunidad científica destine más recursos y esfuerzos a su disminución. Es un problema que se ha implantado y hasta normalizado en el sistema y su solución debe ser aplicada desde dentro por cada una de sus partes.
Todo un tema el de las malas prácticas científicas en las que, com dices, se puede caer sin darse cuenta.
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